Enrique Bernardo Cayado Chil

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EspañolCarta de Enrique Bernardo Cayado Chil, recuperada por Marisol González Cayado durante una visita a Mercedes Cayado en la Habana, con traducción y anotaciones de su nieto Enrique J. Cayado.
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EspañolLetter by Enrique Bernardo Cayado Chil
, discovered by Marisol González Cayado during a visit to Mercedes Cayado in Habana, with translation and notes by his grandson Enrique J. Cayado.

English version

ANOTACIONES DE UN ESCRITO de ENRIQUE CAYADO CHIL

DE LA RAMA PATERNA

Como ustedes saben mi padre, Pedro Pablo Cayado Fernández, nació en Asturias, España, en una aldea nombrada San Martín de Vallés, que pertenece al concejo de Villaviciosa, el tres de Junio del año 1853.

Vino a Cuba de trece años de edad, a trabajar en casa de su primo José Cayado Villar, el padre de Julia Cayado y abuelo de Tinito Mas y sus hermanos, con el cual trabajó hasta 1880, año en que empezó a trabajar por su cuenta.

Mis abuelos paternos se llamaban: Marcelo Cayado Coya y Bernarda Fernández Fresno.

Los tíos que recuerdo se llamaban Francisco, Ángela, Victoria, Josefa y María.

Dos varones mas emigraron, uno aquí a Cuba, que murió en Guanajay (recién llegado), y el otro a Chile, donde también murió joven.

De las hembras se casó en Asturias, la nombrada Ángela, con un pariente nombrado Manuel Cayado. Este matrimonio tuvo varios hijos, de los que recuerdo los nombres de Marcelino, Pedro, María Restituta y Eladia, esta última la madre de Vicente Cayado que también vino a Cuba y ustedes conocen .

De los varones de Ángela vino a Cuba Pedro, que murió en casa, en “Cayado” por el año 1901.

Marcelino y las hembras se casaron y tuvieran una prole numerosa que hace que tengamos muchos parientes en San Martín de Vallés.

Las otras hermanas de papá y su hermano Francisco murieron solteros.

Mi abuelo Marcelo era carpintero; no sé por que accidente perdió la vista, todavía de mediana edad, y murió en 1893, el veintiuno de Febrero.

Mi abuela paterna, Bernarda Fernández Fresno, le sobrevivió, y ocurrió su muerte en el año 1904, el veintidós de Noviembre.

Las tías fueron desapareciendo, y la última que vivió fue María, que en 1926, cuando papá fue la última vez a España, todavía vivía.

Aunque el apellido que llevamos no abunda, y por lo que veo es de origen Portugués, aquí en Cuba vivieron varios parientes de papá, entre los que sobresalen principalmente José Cayado y Villar y sus hermanos Juan y Marcelo.

José, el primero, fue fundador de ese lugar en la carretera central, entre Guanajay y Artemisa que se nombra “Cayado” (1);  como ya dije es el abuelo de los Mas Cayado que ustedes conocen; casó con cubana, Francisca Calderín, y creó una familia numerosa que siempre vivió en “Cayado” y en Guanajay.

Papá vino a Cuba de trece años de edad, cuando a los recién llegados se les trataba con una rudeza cruel; trabajaban desde la madrugada hasta bastante entrada la noche; se les pagaban sueldo ridículos, seis, ocho, y diez pesos al mes; vestían mal y comían peor; la cama que se usaba era el catre de Rusia, y este se colocaba en la trastienda de la bodega ó en barbacoas sucias y mal ventiladas.

A todos los muchos que venían a Cuba les daba el “vómito”, que no era otra cosa que la fiebre amarilla, esa horrible enfermedad cuya trasmisión por el mosquito descubrió nuestro gran Finlay.

A papá le dio el “vomito” en Guanajay. Los curaban dándoles a beber aceite y limón en gran cantidad y purgantes y vomitivos, que eran los medicamentos más socorridos de la terapéutica en moda por aquellos tiempos, completados por las famosas “sangrías” y las “sanguijuelas”.

Se hizo hombre trabajando con su primo José Cayado, tanto en la bodega (2) como en el campo y en la carreta, y siempre se enorgullecía de haber sido un buen carretero.

En esa ruda labor economizó algunos pesos para comenzar a trabajar por su cuenta, primero, en sociedad con un tal Zuazo, en el lugar nombrado “Capote” (muy poco tiempo) y después en la casa vieja, que ustedes conocen y que hoy es de mi propiedad.

Esa casa vieja era donde primitivamente tenía su tienda José Cayado, que más tarde, posiblemente en 1879, fabrico la casa que le decimos el otro “Cayado”. Allí en esa casa vieja, que también se llamó “Castellanos Viejo”, nacieron las hijas mayores Lola y Eloísa; la primera la madre de los Quiñones que viven en Guanajay, y la segunda la madre de los Mas.

Al mudarse José a la casa “nueva José Cayado”, quedó vacía la “casa vieja” ó “Castellanos” y esa oportunidad la aprovechó mi padre, joven de unos veintisiete años para establecerse por su cuenta y comenzar su vida de trabajo incansable y ahorros, a base de sacrificios.

Allí en principio, luchó “contra viento y marea” para mantenerse, sabiendo que sus competidores trataban de atemorizarlo, apelando a medios tan deshonestos como el de atemorizarlo con “fantasmas” ó “cosas malas”, como se decía en el campo.

Allí, no solo con la tienda, sino negociando con maíz, tabaco huevos, pollos, etc., fue levantando su capital y ganando crédito para poder comprar su primera finquita, en 1884, en cuarto de tierra, al lado del sitio de mi abuela.

En 1885, su fiel y gran compañera, mi madre Matilde Chil Suárez, compartió desde ese momento sus labores ayudándolo con tesón, para que en 1890 pudiera comprar la finca “Mercedes”, la que hoy pertenece a María y a los hijos de Guillermo.

En ese año 1890 hizo su primer viaje a España para visitar a sus padres, que aún vivían los dos.

En 1893 pudo fabricar la casa en que ustedes lo conocieron, en una tarea titánica en que colaboró mí buena madre, para lograr ese gran éxito de su vida, que fue el de tener casa propia.

Allí trabajaron con afán, hasta que la llegada de la Invasión (3) en Enero de 1896, les produjo casi la ruina, aunque tuvieron la gran suerte que no se quemara ni destruyera la casa de “Cayado”.

En la finca “Mercedes” se destruyeron todas las casas de los distintos sitios que tenía.

En Febrero nos mudamos para Guanajay, y allí vivimos casi hasta fines de 1897.

En la carretera se estableció la Trocha (4) llamada de Mariel a Majana y esta hizo que la bodega de “Cayado” pudiera seguir abierta, aunque con bastantes vicisitudes, pero facilitando el que pudiéramos vivir en el pueblo y cubrir nuestras necesidades.

Las enfermedades en esa época fueron horribles (5). El Paludismo lo padecíamos todos y la Viruela hizo estragos por todas partes, muriendo de ella mi abuela en “Cayado” y un hermano mío llamado Pedro Pablo, que era el que seguía a Esperanza.

También murió, en Guanajay, otro hermano llamado Ángel y más tarde, en “Cayado”, otro que se llamaba Félix.

En “Cayado” pasamos el bloqueo, que así se llamó el período de la guerra Hispano-Americana, por el hecho de que la escuadra americana tenía bloqueadas las costas de Cuba.

Hubo escasez de todo, pero a nosotros no nos faltaron los principales víveres para el sustento, con excepción del pan.

En esa época había pasado el rigor de la reconcentración (5) de Weyler y ya se trabajaba el campo por medio de unas zonas llamadas de cultivo, que estaban cerca de los pueblos y proporcionaron ese año una magnífica cosecha de maíz, que sirvió para mitigar la escasez producida por el bloqueo.

Al terminar la guerra y con ella la soberanía española en Cuba, el primero de Enero de 1899, renació una vida nueva, caracterizada por un gran afán de reconstrucción del país y por un empeño de trabajo que fue de utilidad para todos.

No parecía que habíamos sufrido una guerra tan terrible.

Las medidas de orden y sanitarias que tomó el gobierno interventor y las autoridades locales cubanas fueron altamente beneficiosas.

No hubo odios ni persecuciones y los españoles, y hasta los cubanos que habían defendido a España no fueron molestados en absoluto, confraternizando con ellos los propios miembros del Ejército Libertador.

Pasado un año el país era otro. Hubo buenas cosechas de tabaco y azúcar, pues el cubano de esos tiempo no le huía al campo ni tenía las aspiraciones burocráticas de ahora.

Papá volvió a trabajar y a levantar su finca “Mercedes”, con tan buen resultado que en 1901 pudo comprar la finca “San Ignacio” o sea, la de “Cayado” y fabricar la casa escuela que fue estrenada por vuestra abuela materna (Mercedes Martín Arzola) como maestra, que al propio tiempo vino a vivir con la familia en la casa de vivienda inmediata a la escuela.

En 1902 hizo papá su segundo viaje a España y entonces ya quedé yo al frente de casi todos sus asuntos, en colaboración con mamá y ayudado en los asuntos de campo por Manuel mi tío.

De aquí en lo adelante la vida se desenvolvió en “Cayado” casi siempre igual a como ustedes la conocen. La caída del tabaco, la competencia comercial, los mayores gastos ect. Hicieron que papá no pudiera obtener grandes ganancias, pero no obstante ello, adquirió algunas propiedades mas, como la finca de “Capote” (San José) y las casas de Guanajay.

En mi padre han tenido ustedes un antecesor de carácter serio tal vez duro con los mismos suyos, pero amigo del cumplimiento de deber, amante del trabajo y cultivador de la honradez. Fue un esclavo del cumplimiento de su deber; quería que la vida de su casa fuera cronométrica; que se almorzara y comiera a la misma hora; que nos fuéramos a la cama y nos levantáramos temprano.

Se afanó porque fuéramos a la escuela a tal extremo que, cuando no había escuela, el mismo me enseño a mí las primeras letras.

Le temía a la educación superior y fue difícil que accediera y se acostumbrara a que yo viniera a la ciudad a estudiar una carrera, aunque luego se sintió orgulloso de mis éxitos.

Aunque era conservador y en la política colonial estuvo al lado de los integristas (6), no fue apasionado ni le hizo daño a los cubanos como se prueba que nadie le hiciera daño al terminarse la guerra a pesar de haber sido muchos años alcalde del barrio de Cabriales y encargado del Registro Pecuario, en un tiempo en que esos puestos tenían más categoría que ahora, y el que los poseía era en verdad una autoridad local.

Nunca, en la época de la guerra, le hizo caso a los que mandaban y vivió mas bien retraído que haciendo alardes de intransigencia y de españolismo bullanguero.

Trabajó mucho, pero al propio tiempo hacía una vida metódica y ordenada siendo por ello que conservó una buena salud hasta pasados los ochenta años.

Las únicas expansiones fueros algunas temporadas de baño que tomó en “Martín Mesa” un balneario de aguas sulfurosas que está entre Guanajay y Mariel, por prescripción facultativa, y sus tres viajes a España uno en 1890, otro en 1902 y el tercero en 1926.

Después de este último viaje a España. Pasados ya los setenta años, ocurrió el hecho curioso de que se le despertara un amor intenso por la tierra donde nació y un deseo inmenso de volver a ella.

En sus delirios o en algunos trastornos mentales que padeció al final de su vida, clamaba por sus sobrinos y parientes, pensando que los tenía cerca.

Asturias no pudo quejarse, la quiso y la amó hasta los últimos instantes de su vida.,- ¡Que Dios haya premiado sus virtudes!

Sus hijos lo respetaron y quisieron mucho. Todos estuvieron a su lado en sus últimos instantes. No puede tener queja de su comportamiento.

Por Teresa, mi hermana, tuvo idolatría en los últimos tiempos de su vida queriendo que permaneciera a su lado en todos los momentos. Ella correspondía a ese afecto con toda la bondad y el sacrificio de que era capaz, y a pesar de su mala salud se esforzó por servirlo y cuidarlo en todo cuanto pudo.

Mis padres tuvieron nueve hijos, cuyos nombres y fechas de nacimiento fueron los siguientes.

– Enrique Bernardo (yo) Febrero veinticuatro de 1886.
– Ángela, Enero siete de 1888.
– Esperanza, Diciembre doce de 1890.
– Pedro Pablo (fallecido), Abril once de 1892.
– Angel Modesto, Febrero tres de 1895. (fallecido)
– Félix Oscar, (fallecido) Noviembre ocho de 1897.
– María Matilde, diciembre veintiuno de 1899.
– Teresa de Jesús, Abril diez de 1801.
– Guillermo Alfonso, Agosto veintitrés de 1906.

La primera de mis hermanas que contrajo matrimonio fue Ángela, que casó con Antonio Alonso González en el año de 1910.

El segundo matrimonio fue el mío que tuvo efecto el seis de Noviembre de 1915 con Catalina García y Martín, vuestra madre.

Siguió el matrimonio de Esperanza en 1916, con Ricardo Núñez y Prieto.

En 1935 casó María con Patricio Aizcorbe.

En Diciembre de 1944 casó Teresa con Federico Torres Sampere.

La muerte de Pedro Pablo, Angel Modesto y Félix Oscar ocurrió durante la guerra y las cité en párrafos anteriores.

En Mayo quince de 1938 ocurrió el doloroso fallecimiento de Guillermo, que dejó tres hijos nombrados Guillermo, Matilde y Eduardo.

Esta muerte prematura de Guillermo se debió a una afección (congénita) del corazón que se le diagnosticó desde niño, pero que había sobrellevado muy bien hasta la edad de treinta y un años que tenía al fallecer.

Era un muchacho bueno en toda la extensión de la palabra que Dios nos arrebató cuando nos habíamos acostumbrado toda la familia a pensar que su enfermedad era llevadera. Un catarro gripal le produjo un infarto cardíaco que hizo inevitable su muerte.

ANOTACIONES.

Esta relación, descubierta por Marisol González Cayado durante una visita a mi tía Mercedes Cayado en la Habana, parece ser extraída o anotada de un libro que poseo, bastante extenso, escrito por mi abuelo para sus hijos, Enrique de Jesús, Pedro Pablo y Mercedes María.

Mi muy querido abuelo, Enrique Bernardo Cayado Chil, heredó las virtudes de su padre; familia, estudio, trabajo, patria.  A temprana edad, superando las inmensas dificultades de los tiempos, recibió sus credenciales de maestro y se esforzó mejorando su conocimiento de inglés y matemáticas.  Utilizando los pseudónimos “Henry” y “Kyado” fue prolífico escritor para el Diario de la Marina y varios otros periódicos de La Habana y Guanajay; nunca renuncia a sus fueros de escritor y, a través de los años, continuó con algunos libros y frecuentes contribuciones a revistas profesionales y técnicas.

En 1909, ya reabierta la Universidad de la Habana, y un tanto superada la terrible destrucción que ocasionó la “reconcentración” de Valeriano Weyler y la política de “tierra quemada” durante la guerra de 1895, obtuvo un título de Agrimensura.  Utilizándolo para mejorar sus circunstancias, prosiguió los estudios universitarios, graduándose de Ingeniero de Minas, Ingeniero Civil Y Arquitecto.  Fue de los fundadores, y apasionado en sus trabajos, para la Sociedad Cubana de Ingenieros y el Colegio Nacional de Arquitectos.  Quizás adelantándose a los tiempos, proseguía diseños minimalistas con extrema atención a materiales y ambiente.  Después de 50 años de abandono, en la bellísima ciudad de La Habana, ahora en ruinas, muchas de las construcciones que realizó aún sobreviven orgullosas (aunque ya no elegantes).

Su amor por las raíces Asturianas es evidente en todos sus escritos, pero fue también esencialmente Cubano. Ya dispersada la familia en el exilio, conversamos telefónicamente por última vez en 1971. Como siempre, me sorprendió con su visión del futuro y su fortaleza ante las contrariedades que estimaba pasajeras y superables. Abuelo murió en La Habana, el 13 de Diciembre de 1971.

Enrique J. Cayado, Diciembre de 2008.

NOTAS

(1) Cayado, como referencia geográfica, era un pueblito entre Guanajay y Artemisa, sobre los Km. 50 y 51 de lo que fue después la Carretera Central.  Capote era otro aproximadamente sobre el Km. 60. No creo que existan en la actualidad. Volver

(2) Las Bodegas de entonces, maravillosos establecimientos, eran centros sociales y comerciales para comprar, vender, leer la prensa, almorzar, tomar, jugar dominó y compartir noticias. Volver

(3) La “Invasión” fue la incursión llevada a cabo por el General Antonio Maceo sobre las provincias de Las Villas, Matanzas, Habana y Pinar del Río. El propósito fue destruir la infraestructura económica de la Isla.Volver

(4) El Gral. Valeriano Weyler trató, sin éxito, de contener a Maceo entre dos Trochas, o líneas fortificadas: Júcaro a Morón y Mariel a Majana. Volver

(5) La estrategia de Weyler consistió en internar a toda la población rural en campos de prisioneros. Las preparaciones fueron inadecuadas y carecían de sanidad, vivienda, y abastecimiento. El hambre y las epidemias de viruelas, disentería, cólera, y tifoidea causaron la muerte de posiblemente 300,000 personas, los campos de la isla quedaron despoblados. Volver

(6) Los Integracionistas querían una Cuba española, pero con los mismos fueros de cualquier provincia. Contrastan con los Autonomistas y los Independentistas. En 1897 España proclamó la Autonomía y se declaró un cese unilateral de hostilidades. Los americanos declararon la guerra e invadieron a los pocos meses. Volver
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NOTES FROM WRITINGS OF ENRIQUE CAYADO CHIL

OF THE PATERNAL FAMILY BRANCH

As you know, my father, Pedro Pablo Cayado Fernández, was born in Asturias, Spain, in the village named San Martin de Vallés, that belongs to the council of Villaviciosa, on the third of June of the year 1853.

He came to Cuba at the age of thirteen years, to live in the house of his cousin, Jose Cayado Villar, the father of Julia Cayado and grandfather of Tinito Mas and his brothers. He worked for José until 1880, and then started to work for himself.

My paternal grandparents were Marcelo Cayado Coya and Bernarda Fernández Fresno.

The aunts and uncles that I can remember were Francisco, Ángela, Victoria, Josefa y María.

Two of his brothers also emigrated, one here to Cuba, where he died in Guanajay (just arrived), and the other to Chile, where he also died at a young age. –

Of his sisters, Angela married in Asturias to a relative named Manuel Cayado. This marriage had several children, of whom I remember the names of Marcelino, Pedro, Maria Restituta and Eladia, the last one mother of Vicente Cayado Cayado, who you are familiar with and also emigrated to Cuba.

Angela’s son Pedro also emigrated to Cuba, he died in our house, “Cayado,” in the year nineteen hundred and one.

Marcelino and his sisters married and had numerous descendants; this is the reason why we have many close relatives in San Martín de Vallés.

The other sisters of my father and his brother Francisco died without getting married.

My grandfather Marcelo was a carpenter; I do not know what accident caused him to lose his sight, still middle-aged. He died in the year 1893, the twenty first of February. –

My paternal grandmother, Bernarda Fernandez Fresno, survived him; she died in the year 1904, the twenty second of November.

My aunts gradually disappeared; the last one was Maria, who still lived in 1926, when father visited Spain for the last time.

Although our last name Cayado does not abound (I believe it is of Portuguese origin), several relatives of my father lived in Cuba; among them Jose Cayado y Villar and his brothers Juan and Marcelo.

José was the founder of “Cayado” (1), that place in the Carretera Central, between Guanajay and Artemisa , and as I already mentioned, he is the grandfather of the Mas Cayado family that you know. He married a Cuban, Francisca Calderín, and they originated a numerous family who always lived in “Cayado” and in Guanajay.
My father came to Cuba at thirteen years of age; in those times, the treatment of new arrivals was rude, and sometimes cruel. They worked from dawn to late at night, and paid ridiculous amounts like six, eight, or ten pesos each month. They dressed poorly and they ate worse; the bed used was the so-called “Russian camp bed,” it was placed in the back room of the “bodega” or in poorly ventilated and dirty outbuildings.

All the many Spaniards that came to Cuba were sickened with the “black vomit,” another name for yellow fever, the horrible disease whose transmission by the mosquito was discovered by our great Finlay.

Father was sickened with the “vomit” in Guanajay. They tried to cure them by making the patient drink large quantities of olive oil and lemon, also laxatives and emetics. Those were the fashionable therapies during those times; complemented by bleeding the patient and applying leeches.

He grew up into a man working with his cousin José Cayado, in the bodega (*2) as well as in the fields and driving an oxcart, he was always proud of to have been a good “carretero” (teamster).

With this hard labor he saved some pesos and started to work for himself, first in partnership with a certain Zuazo, in the farm named “Capote” (just for a short time), later in the “old house” that you know and today is my property.

The “old house” was where Jose Cayado had his store, much later, possibly in 1879, he built the house that we called the “other Cayado”. In the “old house”, that we also called “Old Castilian”, his older daughters, Lola and Eloisa, were born; the first mother of the Quiñones that live in Guanajay, and the second mother of the Mas.

When José Cayado moved to the “other Cayado” or “casa nueva José Cayado”, the house known as “old house” or “old Castilian” was emptied, my father took advantage of this opportunity, he was then a young man of twenty seven years, to finally live on his own and start a life of tireless work, saving and sacrifice.

In the beginning, he fought “against wind and tide”, knowing that his competitors tried to scare him off using dishonest means, sometimes using threats of “ghosts” or “bad things,” like it was common in the country during those times.

There, not only with the country store -bodega- (2), but also buying and selling corn, tobacco, eggs, poultry, etc., he gradually accumulated some capital and credit; finally purchasing his first farm in 1884, next to the family place of my grandmother.

In the year 1885 he finally married, his loyal and great partner, my mother Matilde Chil Suarez, shared his labor from that moment, and helped him so that in 1890, he was able to purchase the farm “Mercedes,” today the property of Maria and the sons of Guillermo.
The same year, 1890, he made his first return trip to Spain, and was able to visit his parents that were both alive at that time.

In the year 1893 he finally build the house that you all knew, my good mother collaborated in this great effort, and he finally attained a goal of his life, to have his own house.

There they both worked with dedication until the Invasion (3) of January 1896. They faced ruin at that time, but they had the good fortune that the “Cayado” house was not burned or destroyed.

All the houses in the Mercedes farm were destroyed.

In February we moved to Guanajay, there we lived until the end of 1897.

A fortified line (4), from Mariel to Majana, was established on the road from Guanajay, this enabled the “Cayado” country store to remain open, albeit with many difficulties. Nevertheless, it facilitated our subsistence in the town and we could cover our necessities.

The epidemics during those times were horrible (5), we all suffered from paludic fevers and small pox, my grandmother died from them in “Cayado”, also my brother named Pedro Pablo, who followed Esperanza.

In Guanajay, my brother named Angel also died, followed by another brother named Felix that later died in Cayado.

We again lived in “Cayado” during the “blockade,” the period of the Spanish-American war where the American fleet interdicted all shipping in the coasts of Cuba.

There were shortages of everything, but we did not lack the absolute necessities of life, except for bread.

During those times, the hunger and suffering of the Weyler “reconcentration” were over; some farming was again allowed in “cultivation” zones, always close to the towns. That year a bumper crop of corn helped to remedy the scarcities created by the blockade.

At the end of the war, and with it the end of Spanish sovereignty over the island, on the first of January 1899, a new life started. It was characterized by an eagerness to reconstruct the country and a will to work that was helpful to all.

It did not seem like we had suffered such a terrible war.

The measures regarding public order and sanitation taken by the occupying government and the local Cuban authorities were very beneficial.

There was no hate or persecution of the Spaniards, and the Cubans who had defended Spain were not bothered. Even the soldiers of the Cuban armies fraternized with them.

After one year, the country was a different one. There were good harvests of tobacco and sugar, the Cuban of those times did not run from work in the fields nor had the bureaucratic aspirations of today.

Father returned to work and reconstructed his farm Mercedes, with such good results that in 1901 he purchased the property “San Ignacio” that is, the one now named “Cayado.” He also built the schoolhouse opened by your maternal grandmother (Mercedes Martin Arzola) as a teacher, who at the same time, came to live close to the family in the house next to the school.

<In 1902 father made his second trip to Spain, at that time I already remained in charge of his affairs, with the help of my mother and my uncle Manuel, who helped me in everything related to farming.

From those times, life in Cayado developed almost the same as what you know it. The fall of tobacco prices, commercial competition, the increase of living expenses etc., caused that father could not obtain huge profits. Notwithstanding, he acquired some additional properties, like the farm of Capote (San Jose) and the houses of Guanajay.

In my father you have an ancestor of serious character, perhaps harsh at times even with his family; but always faithful to his duties, a hard worker and honest to a fault. He always wanted to run his house with a chronometer, lunch, and dinner at precisely the same time, going to bed early, waking up early.

He insisted on our schooling, to such a point that, when schools were not available during the war, he taught me to read and write.

He was fearful of superior studies, it was very hard to convince him that I wanted a university degree and I had to go to the city to accomplish it; but later he was proud of my accomplishments.

Although he was a conservative, and favored integration (6) in colonial politics, he was not a fanatic nor did he harm any Cuban. After the war he had no enemies despite having the posts of mayor of the district of Cabriales and superintendent of the Cattle registry, in times where those positions were more important than now and corresponded to a real local authority.

During the war, he never paid much attention to Spanish authorities; he was reserved and never boastful of intransigent and noisy pro-Spain sentiment.

He worked very hard, but at the same time, he led an orderly and methodic life; perhaps this is the reason why he enjoyed very good health until his eighties.

His only vacations were some seasonal treatments he took in “Martin Mesa”, a spa with sulfurous waters that was between Guanajay and Mariel, where he went by medical prescription, and his travels to Spain in 1890, 1902 and the last in 1926.

After this last trip to Spain, already more than seventy years old, a curious thing happened: an intense love for his native land appeared to awaken and he had an immense desire to return.

In his delusions, perhaps due to some mental problems he had at the end of his life, he called out for his nephews and relatives thinking they were nearby.

Asturias cannot complain, she was wanted and loved until the last moments of his life. May God reward his virtues!

His sons and daughters respected and loved him. They were all besides him at his last moments; he cannot have any complaints about their behavior.

In the last days of his life he had a special love for my sister Teresa and wanted to be near her at all times. She corresponded to that affection with all the kindness and sacrifice that she was capable of and, despite her poor health, made all efforts to take care of him in everything that she could do.

My parents had nine children, their names and birthdates are as follows:

– Enrique Bernardo (I) February 24, 1886.
– Angela, January 7, 1888.
– Esperanza, December 12, 1890.
– Pedro Pablo (died), April 11, 1892.
– Angel Modesto (died), February 3, 1895.
– Félix Oscar (died), November 8, 1897.
– María Matilde, December 21, 1899.
– Teresa de Jesús, April 10, 1901.

– Guillermo Alfonso, August 23, 1906.

The first of my sisters to marry was Angela, she married Antonio Alonso González in the year 1910.

The second marriage was mine, it took place November 6, 1915 with Eusebia Catalina García y Martín, your mother.

The marriage of Esperanza to Ricardo Nuñez y Prieto in 1916 followed mine.

In 1935 María married Patricio Aizcorbe.

December 1944 Teresa married Federico Torres Sampere.

The death of Pedro Pablo, Angel Modesto and Félix Oscar happened during the war as mentioned before.

May 15th 1938 was a day of mourning, my brother Guillermo died leaving three children, named Guillermo, Matilde and Eduardo.

he early death of Guillermo was due to a congenital heart problem, diagnosed when he was a child. He had controlled it very well until he died at age 31.

He was a very good man and God snatched him from us after all the family thought his cardiac condition was bearable. Influenza caused a heart attack that made his death inevitable.

►NOTES.

This letter, discovered by Marisol González Cayado during a visit to my aunt, Mercedes Cayado, in Habana, seems to be an extract or annotation from a more extensive book that I own. My grandfather wrote the book for his children, Enrique de Jesus, Pedro Pablo, and Mercedes Maria.

My very dear grandfather, Enrique Bernardo Cayado Chil, inherited the virtues of his father; family, study, work, country. At an early age, surpassing the immense difficulties of the times, he obtained his teaching credentials and strived to improve his knowledge of English and mathematics. Using the pseudonyms “Henry” and “Kyado,” he was a prolific writer for the Newspaper “Diario de la Marina” and other newspapers of Habana and Guanajay. He never abandoned his passion for writing, over the years he continued with some books and frequent contributions to professional and technical magazines.

In 1909, after the University of Havana reopened, and the terrible destruction caused by the “reconcentration” of Valeriano Weyler and the “burned earth” policy of the 1895 war were surpassed; he obtained a land surveyor degree. Using it to improve his circumstances, he continued his studies, graduating as a Mining Engineer, Civil Engineer, and Architect. He was among the founders, of the Cuban Society of Engineers and the National School of Architects. Perhaps ahead of his times, he was a minimalist designer and paid extreme attention to materials and ambient. After 50 years of neglect and destruction, Habana largely in ruins, many of his works proudly survive (although no longer elegant).

Love of his Asturian roots is evident in his writings, but he was also essentially Cuban. The family dispersed in exile after 1961, we spoke by telephone for the last time in 1971. As always, he surprised me with his vision of the future and the strength of his character in dealing with frustration and disappointment. Grandfather died in Habana, the 13 of December of 1971.

Enrique J. Cayado, December 2008.

(1) Cayado, as a place reference, was a small town between Guanajay and Artemisa, Km 50-51 of what was later the “Central Highway.” Capote was another one at approximately Km 60. I do not believe they exist any more. Back

(2) The closest translation of “bodega” is “country store”, these wonderful establishments also combined bar, restaurant and were always the social center in small rural communities. Back

(3) The referenced Invasion was the incursion of Cuban Army columns, under General Antonio Maceo, into the provinces of Las Villas, Matanzas, Habana, and Pinar del Rio. The purpose was to deprive Spain of economic sustenance. Back

(4) General Valeriano Weyler attempted to isolate Maceo with two fortified lines, Jucaro to Moron, and Mariel to Majana. This tactic was not successful. Back

(5) Weyler implemented a strategy of depopulating the Cuban countryside by “reconcentrating” all inhabitants into barbed wire encampments. The preparations were poor and the concentration camps had no sanitation, food or housing. Dysentery, malnutrition, cholera, small pox, and typhoid fever caused the death of perhaps 300,000, rural Cuba was depopulated. Back

(6) Integrationists wanted Cuba to remain Spanish, but have the same rights and privileges of any Spanish province. This contrasted with Autonomists and Independentists. In 1897 Cuba was granted Autonomy and Spain declared a unilateral ceasefire. Then the USA invaded. Back

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